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El paisaje granadino es un escenario sorprendente y variopinto, que desciende desde las dos cumbres
más elevadas de la Península situadas en el macizo emblemático de Sierra Nevada –el Mulhacén con 3.481 m de altitud y el Veleta con 3.398 m–, hasta las llanuras de olivar que se extienden por el Poniente granadino.
Es un territorio de suaves ondulaciones que prácticamente llega al mar, salpicado de pueblecitos encalados en cuyas fachadas geranios y claveles dan la nota de color, que junto al jazmín, impregnan el aire de aromas transportados de Oriente.
Sin duda es una ruta muy recomendable.
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Cualquier rincón puede formar parte de la cultura del aceite. Sólo tiene que ser un espacio en el que disfrutar con tranquilidad los momentos compartidos y con intensidad de las cosas sencillas. Comparte con nosotros tus lugares favoritos.
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